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A lo largo de los años, el arte culinario ha sufrido una transformación, una evolución tanto en la técnica como en los ingredientes. En todo el mundo existe una tradición culinaria que se ha visto influida por esta evolución. 

Hace unos 500.000 años, el hombre de Neandertal «cocinaba» alimentos que de otra manera no serían comestibles; los métodos utilizados eran muy diferentes a los que conocemos hoy, primero utilizando una llama abierta, luego brasas y finalmente una técnica similar a lo que hoy conocemos como cocción al vapor, los alimentos se envolvían en hojas y se cocinaban en pozos. 

Ya en la antigüedad, cada población se alimentaba de forma diferente: en Egipto, donde nació el pan con levadura, se utilizaba mucho la carne de ave (pato, urraca, codorniz) como alimento, cocinada en forma de guiso o consumida cruda en salmuera; también se utilizaba mucho el pescado de agua dulce. 

En el Imperio Romano se produjo un claro cambio desde el periodo republicano en la época imperial: de una cocina muy sencilla a otra muy sofisticada, con predilección por lo exótico y lo raro (por ejemplo, lenguas de flamenco, sesos de faisán y de pavo real), todo ello condimentado artificialmente con vino, miel, especias, vinagre y una salsa llamada garum (típica de la época y elaborada con pescado fermentado).

En el siglo XVIII, en Francia, se produce un nuevo cambio radical procedente de la cultura burguesa y que afecta tanto a los ingredientes como a la forma de estructurar la comida: nace la nouvelle cuisine, caracterizada por el uso de verduras, alimentos frescos, salsas muy delicadas y la diferenciación de sabores, frente a su homologación en la época del Renacimiento.

En el siglo XX se produjeron diversas innovaciones en todos los ámbitos que llevaron a la transformación de la sociedad: la cocina regional empezó a cobrar importancia, nació la primera guía «Michelin» para restauradores, en la que se mencionan los mejores restaurantes italianos.

pasta, tomates, queso y albaca